Revolución Industrial y Reforma Política.
¿Se puede sostener que la
Reforma Parlamentaria de
1832 en Gran Bretaña fue, en parte, consecuencia de los cambios estructurales
y sociales promovidos por la llamada Revolución Industrial?
No se puede hablar de
Reforma Parlamentaria en Inglaterra durante el Siglo XIX, y mucho menos
entenderla si no efectuamos una sucinta introducción al papel que las ideas
liberales jugaron en el desarrollo de los acontecimientos que culminaron con la
reforma de 1832.
El liberalismo ingles
nació en el Siglo XVII, luchando por la libertad de conciencia y la resistencia
del Parlamento a la autoridad arbitraria de Rey, y para el período en estudio,
es decir fines del Siglo XVIII y principios del XIX, contrariamente a lo que
sucedía en la Europa continental, se encontraba firmemente consolidado. Sin
embargo, no obstante que los valores
propios de la Gloriosa Revolución se encontraban firmes, el partido Whig que
aun en la guerra de independencia americana estuvo dispuesto a defender dichos
principios y que asumió el rol histórico de mantener la tradición liberal, no
parecía dispuesto a extender la base de sustentación del sistema, como quedaría
demostrado ante las distintas propuestas de reformar el Parlamento.[1]
Esta contradicción dentro
de las ideas liberales sustentadas por el partido Whig, va a concluir, en un
primera etapa, con la reforma de 1832 que elimina los llamados “Burgos podridos”, para continuar con la
modificación de 1885 por la cual se estableció el límite de un representante
por distrito, y eliminó el resabio corporativo de la representación de las
universidades, culminando finalmente en 1928 con el establecimiento formal de
la universalidad del sufragio.
Ahora, bien cuales
fueron las razones que precipitaron la inicial reforma de 1832, y si esta
obedeció a los acontecimientos acaecidos en las antiguas colonias americanas y
el estallido de la Revolución Francesa, o al nuevo mapa demográfico ingles
(aumento poblacional en las regiones del
norte como Manchester y Birmingham) y el surgimiento tanto de una
burguesía industrial como de una clase media de comerciantes y profesionales,
producto de los cambios fenomenales que produjo la Revolución Industrial
iniciada en la segunda mitad del Siglo XVIII, es una discusión entre los
historiadores del período.
Si tenemos en cuenta que
la fecha tentativa de inicio de la revolución industrial (según Eric Hausbawn
es 1750), y de la revolución de las colonias americanas en 1776, nos encontramos
con una escasa diferencia de veintiséis años. Esta contemporaneidad de los
acontecimientos no hace fácil la tarea de diferenciar cual de los hechos tuvo
una importancia mayor en la reforma política que se produjo en 1832., sin
embargo, nos atrevemos a adelantar que en el campo de la política no basta la
existencia de hechos objetivos, como pudieron ser los fenómenos económicos y
poblacionales de la revolución industrial, para definir un cambio institucional
de envergadura, hace falta además, la existencia de una sólida base ideológica
y doctrinaria en el campo de las ideas que presione para plasmar en
instituciones la nueva realidad económico social que se estaba produciendo.
·
La Reforma desde las ideas
Hacia fines del Siglo
XVIII, la oposición al gobierno de William Pitt, estaba encabezada por los
liberales Whigs, liderados por
Charles William Fox que, como se dijo mas arriba en el presente trabajo, había
apoyado los reclamos de representación de los colonos americanos, como así
también abogaba por la prohibición del comercio de esclavos. Pero lo que mas
incomodaba al oficialismo Torie era
su causa a favor de “…la reforma del
sistema parlamentario, que suponía una transformación del sistema electoral
inglés, por la cual se buscaba erradicar los llamados Rotten Bouroughs, distritos electorales sobrerepresentados. Estos
burgos y condados constituían, según esta facción reformista, una de las
fuertes inconsistencias del sistema de representación política…” [2]
Si bien la idea de la
reforma era bandera del partido Whig, la misma no implicaba un cambio de
estructuras que rompiera con el sistema aristocrático vigente, ya que si bien
el nuevo esquema electoral que se proponía, buscaba incluir los nuevos condados
con mayor peso poblacional surgidos a partir de la revolución industrial, en lo
que hace al sufragio las reformas que se impulsaban resultaban limitadas en
cuanto a su universalidad, manteniendo la impronta aristocrática en el manejo
de la cosa pública.[3]
Las ideas que
cuestionaron la esencia del sistema aparecieron en círculos extra
parlamentarios que se rebelaron contra la monarquía y el establishment político
en consonancia con el espíritu revolucionario que por ese entonces emergía en
Francia y se los denominó Radicals.
Estos círculos adherían firmemente al ideario revolucionario francés, siendo
sus principales referentes Richard Price, Thomas Paine, William Godwin y
William Spence[4]. Las ideas radicales, lograron irradiarse a un
amplio numero de intelectuales británicos y con posterioridad a buena parte de
la opinión pública, sin embargo el inicio del periodo Jacobino en Francia y
posteriormente las guerras napoleónicas
fueron utilizadas por el gobierno Torie como excusa para postergar cualquier
modificación al sistema, tanto las impulsadas por los sectores reformistas Whigs, como aquellas promovidas por los
grupos Radicales.
Durante la primera
década del Siglo XIX, y en forma contemporánea con el final de guerra con
Francia, surgió en el campo reformista una corriente de pensamiento
identificada con el ideario revolucionario francés pero que intentaba construir
un sistema garantizara el ejercicio de libertades políticas y la ampliación del
derecho al voto, evitando las manifestaciones violentas y el terror Jacobino
que emergió de la Revolución Francesa. El ideario de esta corriente era
plasmado en publicaciones como Westminster Review, siendo sus referentes los
denominados utilitaristas o Radicales Filosóficos, entre los que destacaban
Jeremy Bentham y James Mill.
La vertiente
utilitarista se diferenciaba radicalmente tanto de las posiciones un tanto
conservadoras de los Whigs
tradicionales, como de la vertiente
liberal de estos últimos (Foxties) , ya que proponía un sistema
republicano de gobierno con un legislativo unicameral democráticamente elegido,
lo que implica romper con la estructura aristocrática/monárquica, abogando al
igual que Thomas Hardy y Francis Place por la eliminación del criterio de
“propiedad” y educación como condición para
el ejercicio de la participación política.[5]
Como surge de lo
expuesto la reforma parlamentaria era una cuestión instalada dentro de las
ideas políticas de la época en Inglaterra, y en dicha instalación tuvo mucho
que ver tanto el ideario revolucionario francés como el andamiaje ideológico
institucional que se había construido en las antiguas colonias de Norte
América.
·
La Reforma desde lo socioeconómico
Siendo que el presente
no es un trabajo de historia económica, no nos detendremos en el análisis de
los factores desencadenantes del proceso industrial ingles de la segunda mitad
del Siglo XVIII, pero resulta necesario efectuar un pequeña enumeración de las
consecuencias sociales que emergieron a
partir de los cambios en el sistema productivo provocados por la Revolución
Industrial.
Entre los cambios que
nos interesan para el análisis que estamos efectuando sobresalen dos: a) El
proceso migratorio interno que despobló las zonas rurales en beneficio de los
nuevos asentamientos urbanos del norte, especialmente Manchester, Liverpool y
Birmingham y b) El surgimiento tanto de una burguesía cuyo poder no radicaba en
la propiedad de la tierra, como de una clase media ( middle rank) mercantil,
profesional, y prestadora de servicio que creció a la sombra de las necesidades
surgidas de la industrialización.
Los fenómenos expuestos
llevaron al Parlamentario Whig Sir James Mackintosh a afirmar “… The great
impulse given to English industry in the middle of the eighteen century has
revealed the disparity between the old system of representation and the new
state of society and had left the new manufacturing interest without adequate
representation in parliament…” [6].
Historiadores de la
talla de Arnold Toynbee que atribuyo la reforma de 1832 a la influencia de los
obreros y su concentración en las ciudades de mayor tamaño o de George Stead
Veitch, que en su obra The Genesis of Parliamentary Reform, que aseguró que la revolución industrial
hizo la reforma parlamentaria inevitable[7], sustentaron desde lo historiográfico el
concepto de considerar a la reforma como un desprendimiento lógico del proceso
de industrialización. No obstante estudios más recientes y específicos intentan
poner en crisis dicha afirmación.
Roland Quinault, en el
trabajo referenciado, efectúa un análisis de la situación del parlamento en su
constitución previa a la reforma,
llegando a la conclusión que en lo que respecta a la representación de los
nuevos actores económicos y sociales emergentes del proceso de industrialización,
dichos sectores se encontraban relativamente bien representados en los votantes. Tal es asi
que, hacia 1750 había aproximadamente 282.000 electores en Inglaterra y Gales,
los cuales representaban apenas una sexta parte de la población adulta de dichas
regiones, sin embargo dicho electorado era representativo de la población, y
estaba compuesto en una tercera parte por artesanos, un quinto por trabajadores
medianamente preparados, y el resto por representantes de la clase media
comerciantes profesionales, siendo los grupos mas numerosos el de los
comerciantes y el de los artesanos , lo que reflejaba el carácter comercial de
una Inglaterra que ya que se prepara para
ingresar en la revolución industrial.[8]
Distinta situación se
verificaba en lo que respecta a los miembros del parlamento, ya que hacia 1820, el 70% de sus miembros eran
grandes propietarios de tierras cuyas bancas habían estado en poder de sus
familias por varias generaciones, lo que pone en evidencia la contradicción que
de que durante la revolución industrial el parlamento se encontrara compuesto
por miembros de las familias mas ricas, tradicionales y con mayor influencia
social en Inglaterra y no por aquellos
emergentes del nuevo proceso económico en marcha. Sin embargo, la pertenencia a la aristocracia no los hacia
ciegos a la realidad y aceptaban en su mayoría que la industria y los intereses comerciales debían
tener un peso sustantivo al momento de tomar decisiones políticas, si bien
todavía ocupaban un segundo plano detrás de los intereses de los
terratenientes.
El Primer Ministro Lord
Liverpool manifestaba en un discurso: “In
a commercial country like this, the manufacturing and commercial interest aught
to have considerable weight, second only to the land interest in the Commons”[9], de lo que se desprende claramente que la clase
política tenia conciencia del proceso que se estaba produciendo y la
importancia que el mismo tenia para los intereses de Inglaterra, aunque aún se
resistiera a reconocer que su importancia era capital.
El expuesto problema de
integración de los Comunes, tenia una relación directa con la falta de representación de algunas
grandes ciudades, cuestión que se arrastraba desde la edad media[10] y con
los denominados “rotten boroughs”, que eran “feudos” electorales con una
población mínima hacia el periodo que nos ocupa, y que sirvieron durante
generaciones al sostenimiento de verdaderas dinastías parlamentarias[11]. Hacia 1801, cinco de las veinte mayores
ciudades de Inglaterra, no tenían representación parlamentaria, ellas eran:
Manchester, Birmingham, Leeds, Sheffield y Paisley[12], pero si tenían representación todas las
ciudades industriales del East Midlands, como Nottingham, Leicester y Derby,
que habían sido burgos desde la Edad Media.
Según Quinault, las
elites políticas de las grandes ciudades sin representación, no mostraban
demasiado interés en la reforma parlamentaria, ya que temían que cualquier
modificación del status quo alterara las condiciones dentro de las cuales
habían tenido un extraordinario crecimiento en el curso del último siglo. La
reforma era básicamente sostenida por aquellas ciudades que si bien tenían
representación carecían de poder dentro del Parlamento[13].
Como ocurre con
frecuencia en la historia, no son los periodos de bonanzas durante los cuales
se producen los cambios estructurales, sino en los momentos de crisis
económica, e Inglaterra no va ser una excepción en ese sentido. Durante la
depresión económica que se produjo al finalizar las guerras napoleónicas en los
distritos industriales del norte revivió el interés por la reforma
parlamentaria. La represión, por parte de la caballería, de una manifestación a favor de la reforma en
la plaza de St. Peters en Manchester que dejo de saldo 11 muertos, y cientos de
heridos[14], despertó nuevamente el interés del partido
Whig por la reforma parlamentaria, logrando que se transfiera la representación
de alguno de los burgos podridos a favor de ciudades industriales (las bancas
correspondientes a Grampound fueron transferidas a Yorkshire). Sin embargo ni
Manchester ni Birmingham lograron ese objetivo.
Fue recién en 1830, y
luego de la caída de Carlos X del trono de Francia que la cuestión de la
reforma se instaló definitivamente en la agenda política inglesa, lo que hizo
manifestar al Secretario del Interior Peel
que lo ocurrido en Paris“… Is producing its natural effect in the Manufacturing
districts here, calling into action the almost forgotten Radicals of 1817 and
18 19...”.
Fue así, que la sucesión de huelgas
e incendios tanto en los distritos industriales como en la campaña a partir de
1830, convenció a los miembros moderados del Parlamento que la reforma era
inevitable.[15]
Finalmente con el
dictado del Acta de 1832, se amplio la representación a los distritos
industriales y se agrando la base electoral incluyendo a los padres de familia,
comerciantes y los que tuvieran una renta 10 Libras[16], dando así, inicio a un proceso que culminaría
recién hacia 1928, con el
establecimiento del voto universal de los adultos.
·
Conclusión
Después de lo expuesto
es imposible negar la influencia que tuvo la revolución industrial en el
dictado de la reforma parlamentaria, no obstante lo cual, las lecturas
efectuadas nos llevan a coincidir con Quinault, en el sentido que el estimulo a
los movimientos reformistas provino básicamente de los acontecimientos
políticos que se produjeron en América y en Francia[17], ya que la cuestión de la representación con
relación a los distritos de mayor población ya era un problema con anterioridad
a 1750, y por otro lado la lucha por ampliar la base electoral con anterioridad
a 1830, solo se produjo en los distritos industriales en los momentos recesivos
de la economía.
Sin perjuicio de lo
expuesto creemos que es necesario no perder de vista que la reforma
parlamentaria forma parte de la historia política, y cuando hablamos de
historia política hablamos de hombres, hombres tomando decisiones y haciendo
apuestas dentro del marco de la época en que les toco vivir, y en ese sentido
resulta descabellado pensar que la descomunal transformación social y económica
originada por la irrupción de la revolución industrial, no haya influido en las
decisiones que debieron tomar aquellos hombres.
Resumiendo, resulta
claro que las ideas continentales, que cada vez entraban con más fuerza a las
islas, y la irrupción del fenómeno industrial. con todas sus consecuencias en
los social, y lo económico, presionando
en forma conjunta sobre un sistema que se había mantenido inalterado durante
los últimos ciento cincuenta años, no dejo otra alternativa a los actores
políticos, que el reconocimiento en el marco institucional del Parlamento de la
nueva realidad, y ese reconocimiento se plasmo inicialmente en el Acta de 1832.
[2] Klauss Gallo, Revolución y Reforma: el
legado francés en la cultura política británica (1789-1832) Revista Estudios
Sociales Nª 26 pagina 146. Ediciones
UNL.
[3] Ibidem, pagina 146
[4] Ibidem, pagina 148
[5] Ibidem, pagina 154 y 158
[6] Roland Quinault, The Industrial Revolution and
British Society, Chapter 8 The Industrial Revolution and Parliament Reform,
Cambridge University 1993,
pagina 184
[9] Ibidem pagina 188.
[10] Durante muchísimo tiempo no hubo interés
de la población de Manchester o Leeds, en tener representación en el
Parlamento, ya que aquellas ciudades
representadas tenían una tasa impositiva mas alta. Durante siglos
Manchester y Leeds fueron los “villages” mas grandes de todo el Reino.
[11] También se los denominaba “ pocket
bouroughs”, ya que la escasa población respondía directamente al
terrateniente local por lo que
“literalmente” èste tenia al electorado en su bolsillo.
[12] No tenían representación directa pero si
la tenían como integrantes del condado al que pertenecían.
[13] Roland Quinault,
The Industrial Revolution and British Society, Chapter 8 The Industrial
Revolution and Parliament Reform, Cambridge University 1993, página 192.
[14] El
episodio es conocido como “Petersloo Masacre”, a partir de ese episodio el gobierno
desistió de volver a utilizar a la caballería para reprimir manifestaciones.
[15] Roland Quinault,
The Industrial Revolution and British Society, Chapter 8 The Industrial
Revolution and Parliament Reform, Cambridge University 1993, página 197
[16] A partir del aumento de los ingresos de la
clase trabajadora la base electoral se amplió enormemente en los 20 años
posteriores a la reforma.
[17] Roland Quinault,
The Industrial Revolution and British Society, Chapter 8 The Industrial
Revolution and Parliament Reform, Cambridge University 1993, página 200
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